Cozumel tiene una cultura que le lleva unos dos mil años de ventaja a los muelles, y no está montada en el lobby de un hotel. Vive en las cocinas, en la capilla de un pueblo y en unas cuantas familias que todavía hacen las cosas por el camino largo.
Empiezas con la masa. Maíz nixtamalizado, prensa de madera, comal sobre leña y una señora de la isla que te va a decir con todo cariño que tus primeras tres tortillas están horribles. Para la quinta, ya inflan. Luego el cacao: se tuesta, se descascara y se muele en metate, se bate con agua y un poco de chile, como se tomaba aquí mucho antes de que alguien le pusiera azúcar y leche.
En medio hay una limpia con copal, que no es número de show sino la forma en que se limpia una casa y se recibe a un invitado, y la historia de El Cedral, el pueblo más antiguo de la isla, donde la fiesta de mayo sigue juntando una misa católica con una cabeza de cerdo, listones y un baile que no para desde 1848. El guía te explica las partes que parecen raras y por qué no lo son.
Te comes lo que hiciste. Y te vas sabiendo algo de este lugar que no cabe en una postal.