El suroeste de Cozumel es donde la isla la tiene clarísima. El arrecife se lleva el oleaje antes de que te llegue, así que el agua está planchada, tibia y tan clara que ves tus pies con el agua al pecho. Las palmeras bajan hasta la arena. Y no hay vendedores de motos acuáticas pasando cada cuatro minutos.
Tienes camastro y sombra todo el día, y de ahí tú decides qué tan ambicioso quieres ponerte. El equipo de esnórquel es tuyo mientras estés ahí: en el arrecife de orilla hay peces loro, sargentos y de repente una raya. Los kayaks y las tablas de remo también van incluidos. O te apartas una hamaca a las 10:30 y la defiendes hasta las 3.
La comida no es bufet. Pides a la carta: pescado frito entero, ceviche, tacos gobernador, guacamole hecho al momento. En la barra hay micheladas y margaritas que sí respetan el tequila. Para los niños hay agua bajita sin caída, y por eso las familias que planeaban quedarse dos horas terminan quedándose todo el día.
Nosotros pasamos por ti y te regresamos. En medio, nadie te pide nada. Hay días en que ese es el mejor tour de la isla.