Todo el mundo ve la costa de Cozumel. Casi nadie ve el centro. El interior de la isla es selva baja y cerrada sobre roca caliza, cruzada por brechas de terracería que no llevan a ningún lado útil, y por eso son perfectas.
Te toca tu propia máquina después de una vuelta de práctica en serio, para que nadie se meta entre los árboles todavía descifrando el acelerador. De ahí el guía abre camino: brincos de caliza, charcos más hondos de lo que parecen, tramos de selva cerrada donde la temperatura baja cinco grados y de repente una iguana que no se mueve ni por ti. En temporada de lluvias terminas cubierto de lodo. En secas, de polvo. No hay tercera opción y todos lo saben desde antes de arrancar.
A media ruta paramos en una caverna en plena selva: una cámara de caliza colapsada con una pocita, estalactitas y un aire frío y quieto que no esperas en esta isla. Diez minutos con los motores apagados que terminan siendo de lo mejor del día. Después salimos a un tramo tranquilo de costa para meternos al mar y tomar algo frío antes del regreso.
Este es el tour del que la gente está nerviosa en la plática de seguridad y no se calla en el camino de vuelta. Para manejar necesitas licencia vigente. Lo demás lo ponemos nosotros.